Escuela 0-3. La naturaleza, el escenario de juego perfecto

Ir con los niños y las niñas al medio natural requiere una alta flexibilidad por parte de los adultos, para poder acoger lo que surge de forma inesperada, siguiendo los impulsos vivos que nos ofrece el entorno en cada momento.

Las rocas nos esperan todos los días fuera de la escuela y son la primera parada del paseo. Biel observa cómo sus compañeros se suben y se sientan en ellas y cómo deshacen el recorrido hasta que vuelven a tener los pies en el suelo.

Paula, mirando a Biel, le dice:
–Tú no puedes porque tienes las piernas pequeñas, eres un poco pequeño, pero no pasa nada, Biel.

A Biel, no parece que le afecte el comentario de Paula. Él va tirando, subiendo por el prado para coger el camino.

Biel tiene un andar lento, tranquilo, pausado. De repente, una rama caída hace que se detenga. Todavía está llena de hojas verdes. Se agacha y la observa con detenimiento. Ve que lo miro y me dice:

–En este palo suben las hormigas y tienen las piernas pequeñas.

¿Qué me quiere decir con esto? ¿Quizá sabe que nada le impide hacer lo mismo que Paula?

Pienso que posiblemente no sube porque no le apetece, porque quizá prefiera sentir la seguridad de la tierra firme bajo sus pies, tocar la hierba, recoger palos y seguir las hileras de hormigas. ¡Pero lo más importante es que él se sabe capaz!

La naturaleza es el escenario de juego perfecto, es el espacio ideal para que cada uno encuentre lo que le interesa y necesita para avanzar en su desarrollo. Para Biel, las hormigas y su recorrido por la rama son mucho más interesantes que las rocas que hacen detener al resto del grupo. Continúa su exploración con un pequeño palo, jugando a hacer descarrilar la hilera de hormigas durante un largo rato hasta que decide retomar el camino subiendo por el prado.

Esto me recuerda que una de las principales características de las salidas a la naturaleza son las sorpresas que nos esperan. Aunque vayamos con una planificación detallada es muy probable que no nos sirva, porque los escenarios cambian de un día para otro.


Por tanto, ir con los pequeños al medio natural requiere una alta flexibilidad por parte de los adultos, para poder acoger lo que surge de manera inesperada, siguiendo los impulsos vivos que nos ofrece el entorno en cada momento. Y pienso en nuestra responsabilidad como adultos de acompañar al niño en toda la amplitud de la palabra. Porque los niños y las niñas no necesitan a una persona adulta que se limite a controlar o que sea una guía que transmita conocimientos de manera formal, sino un referente seguro, capaz de dar espacio a su libre iniciativa, de dar respuesta a sus preguntas y de saber abrir muchos interrogantes.

Biel se ha quedado atrás, no tiene prisa. Nos damos la mano para subir prado arriba. El resto del grupo, acompañados de dos educadoras, se han subido a la valla de madera que separa la zona verde de la calle. Esta es la segunda parada. Aquí de nuevo todos están juguetones subiendo, bajando, saltando, pasando por debajo… Tampoco tienen prisa. Hace media hora que hemos salido de la escuela y no hemos avanzado mucho. Hoy seguramente no llegaremos a ver los caballos ni las ocas del parque, ni a correr por el campo de los frutales…

Pero cada niño habrá podido sentir cómo su tiempo es respetado, tiempo necesario para hacer, observar, descubrir, investigar, distraerse…, según lo que va encontrando por el camino a medida que avanza. Esto solo es posible cuando el objetivo es el camino y no el destino que hemos planificado.

Ahora, ya por el camino de los huertos, vuelven a surgir distintos ritmos de andar. Leo y Pol se han quedado atrás, entretenidos en picar y aplastar las ortigas del borde del camino con un palo. Las reconocen y saben que es mejor no tocarlas. El resto del grupo está jugando a meter piedras en un agujero; Aura se llena los bolsillos a rebosar… Desde que hemos salido que los observo y veo cómo están jugando y explorando con los elementos que van encontrando por el camino. No tienen juguetes, ni escenarios de juego preparados por un adulto, y en cambio se están nutriendo de unas experiencias reales, vivenciales y significativas.

Además, es sabido que los árboles, las plantas, los palos, las piedras, los pequeños bichos, la tierra, el agua…, ofrecen a niños y niñas unos recursos ilimitados que los ayudan a conocer el entorno y conectar con él.

Ahora, ya de regreso a la escuela, nos encontramos la última pendiente del camino. Yefrem la baja corriendo con los brazos extendidos, mirando al cielo y gritando muy fuerte. Los demás críos, cautivados por la emoción del compañero, se suman a él sin pensárselo dos veces, y de repente todo el grupo corre pendiente abajo y pendiente arriba como si fueran pájaros o aviones… Vete a saber qué les dice la imaginación.

Desde que hemos salido a las diez de la mañana, todo el rato han estado en movimiento. La propia morfología del terreno –pendientes, explanadas, márgenes, piedras– los ha invitado a correr, trepar, saltar…

Cada salida es una experiencia autodirigida de aprendizaje y un ejercicio psicomotor completo, que tiene lugar en un entorno no estructurado y no competitivo. Cada cual según sus posibilidades e intereses.

Miramos la hora, se ha hecho tarde y tenemos que regresar. Antes de emprender el camino de vuelta observamos a los niños, que están juguetones de nuevo. Por eso, aparte de dar tiempo suficiente para que vayan terminando lo que están haciendo, les explicamos que mañana volveremos y podrán continuar con el proyecto de juego que acaban de iniciar. Porque lo que da sentido a las salidas es la continuidad, la no ruptura de la actividad iniciada por las niñas y los niños.

Retomamos el camino y Paula se da cuenta de que Martí se ha quedado rezagado y corre a buscarlo. Ahora sí, vamos todos juntos, como una gran familia. Algunos cogidos de las manos y otros no, pero caminamos juntos.

Es evidente que las salidas al aire libre promueven el desarrollo del sentido de la responsabilidad y de la consideración hacia los compañeros, el despertar de la conciencia de los niños y las niñas respecto al grupo.

Hoy no hemos ido muy lejos, pero, como ya es habitual, volvemos a la escuela cargados de tesoros –palos, piedras, piñas…– y, lo más importante, con unas experiencias únicas gracias al amplio abanico de oportunidades que nos aporta el juego al aire libre.

Missi Casacuberta, educadora en Llar d’Infants Les Baldufes, Olot, y formadora de maestros.
mcasacu@xtec.cat

Bibliografía
Brucher, Philip: Bosquescuela. Guía para la educación infantil al aire libre, Cullera: Rodeno, 2017.

 

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